¿Qué pasa en Istanbul?

¿Armenia, lejos de Estambul? Digo esto pues tiene un interés natural tratar de entender qué está pasando en Estambul o Istambul, como se llama en idioma turco. Istambul que quiere decir la ciudad, se llamó hasta el siglo XIX Constantinopla. La ciudad está en el Bósforo. El Bósforo es un estrecho que se abre al mar negro y el mediterráneo. Y ha sido por esta condición, durante 1500 años, un sitio estratégico para el dominio del comercio, para la majestad de los imperios, para la conciencia de la grandeza de los bizantinos primero y después de los otomanos y ahora de la república turca.


Durante 1200 años, los bizantinos enriquecieron Constantinopla con tesoros: edificios de arquitecturas sin rival, iglesias de geometría racional, oros y mármoles clásicos, avenidas de colosos y el puerto abierto a ideas, armas, especias, perfumes, esclavos, tratos comerciales en monedas de oro y también falsas, y la astucia política excelsa para dominar un territorio codiciado por Venecia, Génova y los otomanos.


Los cristianos ortodoxos tenían como santuario la gran catedral cuya cúpula de treinta y un metros de altura durante mil años no tuvo rivales en el mundo: la catedral de Hagia Sofía, que significa la sabiduría de Dios. Ejemplo de cálculo matemático, ingeniería, fe que sobrecoge. Había cálices repujados en oro y rubíes, columnas de templos helénicos, manuscritos de filosofía platónica, miniaturas sin par, el manto de la Virgen, la cruz y la corona de espinas que saqueó, en 1204, la cuarta cruzada.


Dicen quienes entraban a Santa Sofía: “No sabemos si estamos en el cielo o en la tierra”, narra la Crónica de Néstor, las palabras de los emisarios del príncipe ruso Vladimir, en el siglo X. Constantinopla sigue siendo la ciudad en griego: el modelo por su esplendor y sus grandes ambiciones alcanzadas. Hito cultural por la identificación de sus habitantes, griegos, armenios, italianos, egipcios, rusos, romeos con su brillo sin parangón, su fascinante ubicación entre Asia y Europa.


Y por las claves de poder en el Cáucaso, en los Balcanes y en todo el oriente del mediterráneo. Si hubo una identificación entre ambición, técnica de administración, genio artístico, voluntad imperial, acopio de riquezas, pórfido, mármoles, iconos áureos, saberes simbólicos, y creencia sobrenatural en una maravilla de la mente, fue Hagia Sofía. Ahí está. El 29 de mayo de 1453, el sultán Mohamed, el conquistador otomano, derrotó a los bizantinos.


Su sitio destruyó las murallas de la ciudad. Vencieron al fuego griego la intriga, el miedo, la astucia militar y los cañones. El emperador de Bizancio fue sableado . No se rindió. El sultán entró a caballo a la catedral. Declaró un día de saqueo en Constantinopla y convirtió en mezquita la catedral de los infieles cristianos. El 24 de julio de 2020, el presidente Erdogán de Turquía, reivindicando la conquista de Hagia Sofía, por decreto la convirtió en mezquita. Envía un mensaje sobre el programa de Turquía: ser líder del Islam en creciente auge.

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