Murió Marchuk!

July 27, 2017

Murió Marchuk! Kolia, le decían sus íntimos. Se me vienen tantas imágenes! Fuimos vecinos de piso en las residencias universitarias. En su pieza había humo, te y muchos amigos que por ahí pasaban. Efraín Pastor Nieves estaba con él todas las mañanas visitándolo. ¡Que buenos amigos eran! ahora lo recuerdo. Nunca vi una amistad tan estrecha entre un colombiano y un soviético, se comprendían muy bien, ha debido ser 1984. Marchuk era un símbolo de la capacidad de trabajo, nunca volví a ver a alguien que lo igualara, y no era que viviera al revés, simplemente trabajaba las 24 horas. Tenía la pinta de los hombres madurados a destiempo, a pulso, con fuerza y cigarrillos, comida densa, mucho vodka y mucho te. Tenía en su rostro y en su cuerpo las huellas de toda la población de esas 15 repúblicas que conformaron el estado soviético; ni feo ni bonito; fornido, todo un mujik convertido a las letras. En esas orinadas extraviadas de la madrugada lo encontraba a las entradas de  los sanitarios o de las cocinas colectivas cigarrillo papirosa en mano procesando información que a veces me compartía. Debes hacer esto y aquello me murmuraba cuando yo pasaba a contarle en las que andaba. Siempre nos reconocimos el uno con el otro, nos hablábamos aunque con distancia pues sus aires de suficiencia intimidaban a cualquiera. Fue un hombre de residencia estudiantil por larguísimos años, todo un espartano. Me pareció siempre un hombre extraño, fuera de serie; le apasionaba América latina, creo que se inclinaba por el cono sur. No supe si vino por este continente, a lo mejor no. Me unió a él su devoción por Koroliov que yo también compartía. Fue Marchuk quien me lo sopló como director de tesis de doctorado antes de pasarme a la Lomonosov. Había sido estudiante suyo y le admiré su disposición investigativa, la manera como trabajaba a Lenin y lo adaptaba a las condiciones latinoamericanas, su forma de impartir las clases a través de libros enteros recién sacados del horno. Hizo trabajos interpretativos sobre la revolución chilena y era parte de muy arriba de los consejeros del estado para América latina. ¡Qué habrá sido de él, Dios mio! Marchuk y Koroliov eran casi la misma cosa y ambos extraños, rarezas de la vida. El libro de Koroliov sobre la revolución en América latina durante el siglo XX todavía lo uso como si fuera ayer.  Fue Marchuk profesor de la generación siguiente a la mía; yo ni fui su condiscípulo ni su alumno, pero le admiré siempre. Me lanzaba carnadas que yo mordía como un pez; como con el cuento del nacional-reformismo, que era la manera como llamaban los americanistas soviéticos al populismo latinoamericano. Fue su generación que inventó eso. A lo mejor tenían razón, pero yo nunca renuncié a llamarlo populismo. Que interesante sociabilidad esa: Shulgovski, Dabaguian, Koroliov. Marchuk era el privilegiado de ellos, el hijo de esa sensibilidad que yo alcancé a disfrutar y saborear. Y cuando creamos el doctorado en historia comparada de la Universidad Nacional de Colombia que coincidió con el acabose de la URSS quise que trabajara con nosotros. Le montamos concurso, hicimos papeles, le cuadramos tiempos; nos dijo que sí, luego que por ahora no puedo, que esperáramos, etc, etc, como sucede siempre con los rusos cuando se trata de que dejen su patria madre. En el verano de 2008 nos vimos. Andaba de camiseta blanca, iba a la carrera, nunca anduvo despacio, tenemos que vernos, me dijo, y a toda mecha me preguntó por su amigazo Efraín Pastor, por sus amigos Fabio López y Brando y por otros que ya no recuerdo; y me dijo adiós con la mano.  Ay Kolia! te llevaste pedazos enteros de nuestras vidas lumumberas! Siempre te caracterizaste por eso, por llevarnos la delantera!

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