Borracho no vale no señor

March 18, 2016

Los borrachitos en la noche se juegan a su metafísica de patas arriba. ¿Quién con cinco copas de más  no alcanzó el estado cuasi porcino  de trascendencia etílica  en el suelo? Es como si el alcohol en las neuronas llevara a lamentaciones que yo llamaría ‘patafísicas’, ‘lacrimofísicas’, ‘mocofísicas’ y solidarias con el parcero y la parcera de la noche.

 

 

No se trata de metafísica para filósofos de ocasión sino de quejumbres, gemidos con lágrimas, pañuelo para la nariz y copa rota de Alci Acosta. Cito al clásico “borracho no vale no señor”. ¿Quién que no sea ‘alcoholósofo’ le cree a la ‘patafísica’ de borrachitos? A medianoche o en la madrugada le suben el volumen a los parlantes, a la radio, al equipo de sonido y empieza el lloriqueo mocofísico: “nadie es eterno en el mundo…”.

 

A las doce de la noche la pregunta no es  por el ser sino por  el berrido desde el ser;  uno siente entonces que  la vida, el jefe, la mujer, la filosofía, el tendero, la televisión y  la suerte lo tratan mal. Aunque cuando el borrachito repite: “todo lo acaban los años”, es un berrido  por el guaro  que se va terminando. 

 

A la una de la madrugada  los borrachitos se abrazan y cantan en coro con aullidos de verdad: “cuando ustedes me estén despidiendo”. En realidad nadie se despide, porque  la estamos pasando bacanisimo. 

 

Todos compiten con Dago el bardo del berrido que bañado en lágrimas y con las cuerdas vocales aporreadas por el alcohol, canturrea: “Nadie vuelve del sueño profundo”.  ¿Es un problema de la grabación del disco en los estudios del galán del despecho o  su voz  quedó así de tanto servirle al despecho? Gimen los borrachitos  ‘patafísicos’: “Ninguno vuelve del sueño profundo”.

 

Uno ronca -  como  orquesta desafinada  a  las tres de la mañana - en la misma taberna, grill o discoteca. Se emberracan con la mesera, hay manoteo y despecho de borrachos que se vuelven solidarios: “Adiós a los que se queden siempre les quise cantar”. 

 

El que se queda se gasta el sueldo y el chance. El mesero no le quita los ojos a los que quieren hacer conejo. Uno de los ebriecitos grita: “Ahora si se me voy a matar”, toma el micrófono para estar a la altura de bardo despechado y antes de acabar con esta vida perdida se echa otro ‘guarilaque’.

 

 “Sufrirás, llorarás mientras te acostumbres a perder”. Son las cinco y media, ya van cerrando el negocio. Los borrachitos aún tienen lucidez y en el  vapor de las lágrimas se dan cuenta que algunos se fueron y no volvieron. Pero la hora de pagar son calculadores y  en ese momento  ni repiten: “Velen por los que se quejen si los pueden ayudar”. Al goterero  ni por el chiras.

 

Resulta que la tarjeta de crédito no tiene cupo, el billete se acabó  y  por eso “sufrirás, llorarás mientras te acostumbres a perder”. Las coplas en  infinitivo son las que mejor recuerdan  los borrachitos.

 

Todo depende del cristal con que se mire, los cuatro amigos cantan, se suenan la nariz haciendo chocar el cristal: “todo lo acaban los años…” Lo entienden los  parces, porque para ellos  toda borrachera se acaba. Nada es eterno en el mundo.

Lo que más rápido termina es la noche  y el alcohol. En el suelo a gatas o patas arriba canta el último goterero: “Con el último adiós de este mundo…”.

 

Publicado en Crónica del Quindío : http://www.cronicadelquindio.com/noticia-noticia_opinion-seccion-opinion-titulo-borracho_no_vale_no_seor-op-13731

 

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