Dzhangab de katmandú

August 28, 2015

Yo sabía de la vida de Dzhangab por rumores que de cuando en cuando recibía y me sorprendía siempre saber de dónde venían. Nepal no estaba a la vuelta de la esquina. Dzhangab escribía en un idioma que para nosotros simples mortales, era la caligrafía de un lugar en los himalayas. Nos despedimos hacía más de veinte años antes de que hubiera internet. Regresé a Bogotá y Dzhangab se fue a Katmandú.

 

La gente de Nepal tiene una cortesía particular; escuchan tus frases y después te cuentan historias donde el humor, lo trivial y una percepción aguda de la vida van envolviéndote. Dzhangab era así. Cuando caminábamos entonces, yo sentía que sus pasos cortos y rápidos no olvidaban los caminos del Himalaya. “Rubén, – me decía - un nepalés entiende casi todas las lenguas de la India”. En la escuela aprendió la escritura del sánscrito más antiguo que el castellano.

 

Cuento esta historia porque hace dos semanas sonó mi celular. “Ahora estoy en Moscú”, me dijo Dzhangab en su ruso extranjero con un dejo oriental. Las vocales nítidas y las frases cortas: “¿Hace cuántos años, cuántos inviernos? ¡Dhzangab!, apenas atiné a decir. Sé que en Nepal hay mil dioses. ¿Cuál lo trajo a Moscú? Esa misma tarde nos reunimos.

 

Gastamos una hora en metro y troley para llegar a su hospedaje. María Dolores, mi ángel guardián me dijo: “Sólo falta que lleguemos tarde después de veinte años. ¿Y para qué son los celulares? comenté. A las 7:30 de la noche nos esperaba Dzhangab de Katmandú, la capital de los humanos y los dioses de Nepal. El tiempo no había impreso sus mudanzas en su carácter. Aquilató su humor: “Los dioses de la casualidad prepararon este encuentro”. Y nos invitó a celebrar con jugo de naranja.

 

Cuando éramos jóvenes y sin miedo, bebíamos vodka. Sacó sus libros de poesía, me contó que traducía a Anna Karenina, que su hija era médica. “Nepal existe entre dos territorios de colosos y El Tibet intangible. Si hay un terremoto, los gigantes hacen cola para ayudarnos”. Si China aporta, ahí mismo viene la India y corre EE.UU. (A las volandas de aquí para allá). Así que los nepaleses negocian la geopolítica de sus alturas. Sin fanatismos y sin perder la cabeza congenian el hinduismo, el budismo, el maoísmo, el culto de los elefantes…

 

También me contó que con su colega chino del Instituto de Lengua Rusa donde estaba ahora, irían a teatro. Él estudia y estudia, domina la terminología de negocios en ruso y yo le hago ver que la literatura dura más que las mercancías. Sonrió y la ironía abrillantó sus pupilas. Sacó de no sé dónde el rostro de un Buda sereno que trajo de un taller de artesanos en Nepal y se lo dio a mi ángel guardián.

 

Dos noches después en un bosque de Moscú, con amigos nepaleses en un banquete de alas picantes y vodka - con poetas importadores de té - me explicaron: “En nepalés es imposible decir lenguaje. Se dice “estar con otros”. Dzhangab recordó que el primer día de la mitad luminosa de noviembre es el Mjapudzha. En las casas de Nepal las personas se adornan con guirnaldas, y naranjas. Este día cada persona es un dios y le encienden una lámpara. Invocan al dios de la muerte y al dios de la justicia. Al comenzar la comida se le dice al dios de la muerte que abandone la casa. Comienza el año nuevo nepalés y Dzhangab me contó la leyenda.

Please reload

Featured Posts
Recent Posts

October 3, 2019

April 17, 2019

March 11, 2019

December 24, 2018

Please reload

Follow Us
Please reload

Search By Tags
Please reload

Archive
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Google+ Basic Square

SIGUENOS  

  • Facebook Classic
  • Twitter Classic
  • c-youtube

Recibimos

Aceptamos patrocinadores

Contacto

Powered by

Alberto Romero