Las manos del poeta Matevski

En Macedonia - país de lagos y sin mar- el poeta Matevksi me dice: las manos sostienen el lapicero que expresa las palabras para envolver al mundo. Vienen y van de la intimidad de la memoria al caleidoscopio de la vida. En esencia, decir es existir. Un pájaro no está en la tierra sino se transforma en metáfora de la imaginación. Memoria, metáfora y manos que escriben, nos unen al mundo.


Los dedos de Matevski enfatizan que las palabras existen adentro y fuera de nosotros. Observo sus manos llevando lentamente las frases en español, como si se tratara de raíces o recuerdos. En Macedonia la poesía es identidad del país. Converso con Matevski en uno de los soleados días de agosto cuando se celebra en Struga, el más antiguo festival de poesía de Europa.


En 1862 ocurrió en una cárcel en Constantinopla un hecho que nunca sería esclarecido. Acusado con evidencias fabricadas por la policía del imperio otomano de ser un espía a sueldo de una potencia extranjera, fue detenido Dmitry Maladinov hermano del primer poeta de Macedonia Konstantin Maladinov. Dmitry había recorrido ciudades macedonias y de Los Balcanes impulsando la lengua eslava del pueblo macedonio como idioma en las escuelas y la iglesia ortodoxa.

Si la misma se propagaba perdía influencia la lengua griega divulgada a la brava en los Balcanes. Los gendarmes de la temible seguridad del imperio otomano arrestaron al maestro macedonio. Su hermano Konstantin, graduado en filología eslava en Moscú, autor de un poema de nostalgia por el sur, sobre las ciudades de Struga y Okhrit, al conocer la noticia se embarcó a Constantinopla.


Era un camino preñado de acechanzas y peligros. El poeta llegó a Constantinopla en la busca de su hermano prisionero. Nunca más se supo más de los dos. ¿Fueron asesinados? ¿Quién los mató? Como homenaje a la memoria de los hermanos que dieron su vida por las palabras del idioma que da identidad a Macedonia, decidimos fundar el Festival de Poesía de Struga en 1962.


Cada año en agosto un autor recibe la corona de oro de la poesía. Y el poeta laureado siembra un árbol. La poesía son raíces en la tierra, pero se aúna a la soledad esencial del árbol. Fue lo que sentí mientras escuchaba a Matevsky que recordaba sus 43 libros de poesía en 23 idiomas. Y enumera como lingüista y poeta las esencias de su arte poético y la hermandad de sentidos entre los idiomas eslavos. Cielo, tierra, agua, luna y sol, así como los días de la semana son el léxico común entre lo eslavos de Croacia, Ukraina, Serbia, Macedonia y Rusia.


La definición antigua del alfabeto eslavo es: Yo sé palabras para hablar. Palabra es ser. Nuestro ser está en crisis con el otro, con la naturaleza, con el mundo. La unidad entre nosotros y la naturaleza está rota. Nuestra índole está preñada del mal pero mi poesía muestra otra fase de la grieta del ser: la armonía. El ser humano es culpable, el ser humano es hacedor de perfección. Con los símbolos de mi poesía el árbol, el río y el mar trato de restañar esta unidad perdida.

Los huesos del primer poeta de Macedonia Konstantin Maladinov nunca llegaron a Struga, pero su poema, Nostalgia por el sur, es leído cada agosto en la apertura del Festival de Poesía de Struga.

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Alberto Romero