¿Qué oficio es el del traductor?

February 27, 2015

Publicado en Crónica del Quindío

 

http://www.cronicadelquindio.com/noticia-noticia_opinion-seccion-opinion-titulo-qu_oficio_es_el_del_traductor-op-11450

 

Giovanna Spendel abría una libreta y anotaba. Su acento desconcertante en las consonantes rusas revelaba la entonación de Turín. Cuando comenzó la traducción, ¿por qué empezó mirando el trabajo de otros traductores? Le preguntó a Maarten Van de Duin, un holandés errante que contaba uno por uno los desaciertos de otros traductores del ruso al inglés. Eliminaron tres verbos que se repetían y dejaron uno. Se esfumó el efecto de tosquedad de la pieza.

 

Zoran Kostich llevaba una barba de icono ortodoxo de Serbia, y como de un sombrero mágico sacaba textos de su memoria. ¿Cuál es la forma adecuada de traducir a Pushkin al serbio? ¿Qué hacer con su yambo? Dos sílabas, acentuada la primera y suena yambo como mambo, afirmó Zoran, ancho y locuaz, en contraste con Giovanna Spendel, esbelta, italiana y lacónica. Zoran preguntó: ¿si el serbio es diferente no habría que traducir toda la lengua serbia para entender el sentido de un texto en esta lengua? Sus frases en ruso eran emocionales como su identificación con el oficio.

 

Ir a otros lugares, escuchar otros sentidos en otras lenguas, como un viaje a la región de otra literatura, que termina siendo una aventura de ida y retorno a la geografía de otra cultura. Los idiomas son instrumentos para comunicar la percepción e interpretación del ritmo, de la vida y de las ideas que cambian el mundo. Esta emoción es universal y particular en cada lengua. Traducir es comunicar y convencer, dije. 

 

Recordé a Estambul, a los vendedores del centro histórico que venden y cuentan en muchas lenguas, lámparas, alfombras, regiones y estilos de decir. Trasladar, llevar de una cultura a otra la imagen de la rosa, el proceso del café, del aceite de oliva, diseños de puentes y catedrales. Traducir la mente matemática y la experiencia mística. La civilización no existe sin textos ni traducción. Y la precisión, la elegancia, de cada frase cuentan para la vida, la tecnología y el comercio. 

 

Vera Polilova, de Moscú, expresó su desacuerdo en que traducir poesía se reduzca a copiar el sistema métrico de la lengua inicial. ¿Por qué no buscar en la tradición poética de cada cultura un ritmo que cree el efecto de melancolía o duda que hay en el texto que está escrito en la otra lengua de la que se traduce? Miré de reojo a Giovanna Spendel. Tuve la intuición que Vera, de 27 años y agudeza deslumbrante en las pupilas azules, continuaba la tarea iniciada por Giovanna muchos años antes.

Ambas sofisticadas, la filóloga moscovita, y la traductora de Turín. Vera me dijo en español sin huella de fonética rusa: me enamoré de Colombia. Quedé de una pieza. Aquí en la conferencia - cuya lengua de trabajo era el ruso - Vera se me acerca y describe el parque Tayrona y el paisaje colombiano, algo inconcebible para una mujer moscovita. 

 

La traducción reúne los fragmentos del mundo y las culturas. El sábado, último día del encuentro, celebramos con caviar rojo, y Giovanna Spendel hablando en italiano, me presentó a la mujer de Georgui Vekshin el artífice del encuentro de traductores en Moscú. 

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