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  • Rubén Darío Flórez

Rápido rueda el ferrocarril


Me dice un vendedor en Bogotá si la almohada es de producción nacional. Es de plumas de ganso y tela de algodón. Le pregunté sí era fabricada en Colombia. Al verificar en casa el sello de origen leo: made in China.

Me cuenta un amigo hindú que trabaja para la compañía Bloomberg, que este primero de enero partió del norte de la China el primer tren con doscientos contenedores llenos de carteras, vestidos y mercancías con destino a Londres.

Recorre doce mil kilómetros en 18 días, cruzando Asia Central, Kazajistán, Rusia, Eurasia, Europa Oriental, Polonia, Alemania, Bélgica, y Francia en Europa Occidental. Este hecho es un acontecimiento nuevo en el comienzo de año.

El comercio chino cambió la lógica de la economía global. Londres, capital del mercado financiero mundial, ahora compra mercancías a la China. Cuando era niño, mi padre decía que el progreso lo hacían los trenes.

En Colombia, que nos tragamos todos los cuentos de los ‘monos’, nos creímos la fábula de que era la economía virtual, las tecnologías de la comunicación y los aviones, los que impulsaban la economía.

¿Y los chinos? Vendiendo manufacturas, mercancías masivas para el hogar y el taller, se convirtieron en la fábrica del planeta y en la economía del siglo 21.

Uno de los ejes de este nuevo y milenario poder global, sin cadenas de televisión en inglés, sin instituciones financieras internacionales como las de los EE.UU. e Inglaterra y sin bases militares navales en todo el mundo, es un instrumento al que Colombia dio la espalda: los trenes.

De acuerdo con China Daily, el tren chino en marcha hacia Londres es emblemático, como una evidencia real del plan de ese gobierno de crear una nueva ruta de seda pero con trenes y vías férreas de alta velocidad, con el fin de transportar las mercancías chinas a los nuevos mercados del sureste asiático, África, Latinoamérica y Europa.

Mientras el mundo occidental creaba la peor crisis financiera y ‘fabricaba’ a Rusia como el gran enemigo, China se trazaba el plan que cumple —paso a paso— de crear una red de ciento cincuenta mil kilómetros de vías férreas y 30 mil kilómetros de vías para trenes de alta velocidad.

Este es el proyecto en el que el gobierno chino ha invertido 503 mil billones de dólares y en marcha hasta el 2020. Los cálculos de los economistas chinos muestran que las mercancías enviadas por avión cuestan el doble de hacerlo por tren y sin los retrasos del transporte marítimo.

Hoy, el tren con mercancías chinas rumbo a Londres, lleva 6 mil kilómetros recorridos. Y cuando llegue a su destino el 18 de enero, habrá superado los 18 mil kilómetros. Mientras que en el Quindío un túnel de menos de cincuenta kilómetros, lleva 30 años construyéndose.

Y los trenes en Colombia fueron abandonados para darle paso al transporte aéreo que impone un monopolio inmisericorde.

Entre tanto, los vendedores bogotanos fabulan que las almohadas y los trajes de calle chinos son hechos en Colombia.


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