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  • Rubén Darío Flórez

Sorpresas de la ópera


No habría a primera vista dos mundos más diferentes. Preservaron su cultura para hacer una tierra en el medio oriente. Los rusos crearon su cultura en la estepa eurasiática y tienen una historia común. Músicos y banqueros judíos ocuparon lugares influyentes en la sociedad rusa del siglo XIX. Escritores rusos como Babel el de Caballería Roja fueron de origen judío.

Pensaba en eso y pregunté cerca de los cuatro caballos de bronce conducidos por Apolo, la divinidad de la música: ¿Cómo llego a la sala chica del teatro Bolshoi? El martes a las 6:45 hacía un frío que rompía los huesos. Había tal cantidad de celulares de última generación, de corbatas negras y zapatos charolados y de escoltas simulados como si alguien poderoso viniera en camino.

En realidad el poder no sufre soledad, a la política de alto turmequé la catapultan los gestos teatrales. Esa tarde asistía al debut de la orquesta sinfónica de Israel, invitada para celebrar los veinticinco años de relaciones entre el Estado Judío y Rusia. El territorio del teatro en el centro de Moscú era un hervidero de rumores.

Pasé el primer cinturón de seguridad. Pregunté si el de la derecha al frente era el teatro. Me respondieron- “No, a la izquierda”. Caminé en círculo y me di cuenta que me alejaba de la pequeña multitud de zapatos charolados. Ingreso al segundo círculo. Pregunto otra vez. “Usted está equivocado”. Y me señala al mismo sitio de donde había salido. Entré al pequeño Gran Teatro. Presento el boleto en el hall de entrada. “Debe registrar su nombre”, me dice una mujer tan hermosa como una actriz de Cannes.

Es absurdo, tengo la invitación. Deslumbrante, ella me recomienda: “o lo hace o se pierde la ópera”. A mi lado los invitados desencantados dan la vuelta. Ya son las 7:15 de la noche. Llego tarde al aria de Carmen. Al fin tengo la boleta de lujo como para asistir al debut de Carmen. El teatro brilla con sus arañas de luces para los gritos sublimes de los cantantes operáticos, las arias y las oberturas.

La ópera fue en Viena y en Florencia escenario de pasiones y política. Todo el mundo espera: el violinista, el director, los zapatos de charol, los embajadores, las divas y un caballero de Pijao. El silencio se convierte en una expectativa. Esperamos una hora ¿A quién? Y apareció rápido, nervioso, sorpresivo, de quien todo el mundo habla: Vladimir Putin con el primer ministro Israelí.

Lo que dijeron fue sorpresa de ópera clásica: “El presidente de Siria es preferible a cualquier otra figura”, afirmó el líder israelí. Sorpresa, pues occidente poderoso sostiene que el presidente de Siria es un tirano. Y Netanhau se acerca a Putin en el mosaico de juego político del oriente medio. Rusia respalda a Israel y a Palestina. Las verduras y las frutas en Rusia las vende Israel. El oficio político de Netanhau y el de Putin, se mueve en el filo como la intriga operática. La diva más fascinante, como una Salomé bíblica, cantó esa noche el aria Carmen. Al otro día hablaron de la maravillosa ópera y de la visita relámpago a Moscú del primer ministro de Israel.

Publicado en: Crónica del Quindío. http://www.cronicadelquindio.com/noticia-noticia_opinion-seccion-opinion-titulo-sorpresas_de_la_pera-op-14218


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